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Niños españoles vuelven a Artek, mítico campamento de pioneros soviético

Lun, 30/09/2013 - 17:06

Este verano un grupo de cinco niños madrileños pasó 10 días en Artek. El campamento de niños Artek se fundó en Crimea en 1925. Durante la época soviética fue, con diferencia, el mayor y el más prestigioso campamento. Era una gran suerte para un niño ser enviado allí, se elegían a los “mejores” y a los más activos. También recibía a niños de otros países como ocurrió por ejemplo con los niños de la guerra españoles que pasaron allí varios meses del año 1937. Estaba empapado de la ideología soviética pero también del romanticismo de la amistad, aventura, etc. Después de la desintegración de la URSS Artek pertenece a Ucrania, ha sobrevivido a los malos tiempos, a los intentos de apropiarse de sus terrenos y a los escándalos relacionados con la corrupción…

¿Qué queda ahora de Artek? ¿Qué ideología inculcan ahora a los niños? ¿O no inculcan ninguna? ¿En qué estado está? ¿No estará desconchado y medio hundido como casi toda herencia soviética? Llena de curiosidad abordé a Alla Didkovskaya, presidenta de la asociación madrileña “Cumbre eslava”, que acompañó a un grupo de cinco niños españoles en su viaje a Artek desde el 20 de julio al 1 de agosto.

Fuisteis no porque sí, sino a un festival… ¿De qué festival se trataba?
Era el 12º Festival internacional infantil “Cambiemos el mundo para mejor”. Lo organiza el Gobierno de Ucrania, una fundación privada que se llama Fundación de Esperanza y Bondad, y el mismo Centro Internacional Infantil “Artek”. Se acoge a unas declaraciones de la ONU sobre el apoyo a la infancia.

Este año 2013 Ucrania preside la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), por eso el festival tenía una especial relevancia, se pensó como una Cumbre juvenil de la OSCE. Así mismo hace varios años en el marco del mismo festival se creó la Sociedad de Naciones infantil… Este año han estado presentes muchas personalidades oficiales, el secretario general de la OSCE, el ministro de exteriores de Ucrania… Los niños hacían preguntas a los mayores, participaban en los training, clubes de discusión “Yo y mis derechos”, “Organizaciones infantiles”, “Mi salud es garantía del futuro del mundo”… Tuvo lugar un Foro mundial infantil que aprobó un Llamamiento a los jefes de Estados y organizaciones internacionales”…

¿No tuviste la impresión de que se tratara de un montaje burocrático? ¿De verdad resultaba interesante para los niños?
En la inauguración del festival hubo muchas intervenciones y informes, y no resultaba nada fácil tener tranquila una sala llena de niños de 12 a 16 años. Más tarde, cuando empezó el trabajo en grupos reducidos, los niños ya estaban enterados de los temas y realmente interesados.

A veces se daba una sensación de un montaje al que tanto estamos acostumbrados. Por ejemplo había muchos grupos de baile infantiles de Ucrania. Esos niños estaban todo el tiempo cambiándose, ensayando, salían al escenario, volvían a ensayar… Todo muy rápido y preciso. Desde luego, hay un gran trabajo previo. Los extranjeros lo contemplaban con ojos a cuadros… y se maravillaban. Pero a mí todo eso me parecía a veces una gran fachada porque los grupos ucranianos lo ensayaban durante todo el año.

¿Es decir, la mitad de los niños estaba involucrada en el show y otra mitad eran espectadores?
Sí, y estaba bien que cada noche montaran discotecas, allí todos participaban.

¿Había esas grandes hogueras que siempre se han considerado un símbolo de los campamentos infantiles?
Se hizo una hoguera, pero no la pudimos ver porque llegamos dos días más tarde para ahorrar 50 o 60 euros en cada billete de avión.

¿Entonces los niños tuvieron tiempo para simplemente jugar juntos, hacer amigos?
Mucho tiempo. Cada día en un espacio abierto varias delegaciones hacían presentaciones de sus países respectivos. De hecho asistieron 700 chicos de 61 países. Hacían concursos, regalaban souvenirs (para eso desembolsaron los padres)… Vestían sus trajes nacionales. Nuestros niños se vistieron como de San Fermín, de blanco y con faja y pañuelo rojo… Todo el mundo se interesaba por este pañuelo… Tal vez porque los pioneros soviéticos también llevaban los pañuelos rojos.

Cada grupo creó su blog en Internet donde contaba sobre su país y compartía impresiones sobre el festival. En los últimos días se celebró un concurso de artículos, y nuestro “periodista”, Jacobo, resultó ser uno de los mejores autores. De resultas de eso ahora le invitan en mayo a Kiev, a un encuentro de jóvenes periodistas.

¿Escribían en inglés?
Sí, y Jacobo precisamente sabe inglés muy bien, estuvo en los EEUU… Hablaban en ruso, ucraniano e inglés. Era una condición conocer uno de estos idiomas. Bueno, algunos niños hablaban inglés algo mejor, otros, algo peor…

12 Festival internacional en Artek, verano de 2013
Grupo español en Artek

¿Cómo seleccionaron a los niños para el viaje?
La primera condición era que tenían que ser españoles; aunque fueran de procedencia ucraniana o rusa, que tuvieran pasaporte español. Entre nuestros chicos solo uno era de una familia mixta rusa-española. Otra condición era que tuvieran que ser “niños con talento”. De qué talento se trataba, eso no se explicaba en la invitación. Pero por ejemplo todos nuestros niños, salvo uno, tocaban algún instrumento musical. En cualquier caso, está claro que los niños no pueden ser de los que siempre quedan en un rincón sin poder mostrar nada…

Este año los españoles han viajado a Artek por primera vez. Pero el año pasado ya hubieran podido hacerlo…
Sé que la embajada de Ucrania dispone de las invitaciones cada año. Creo que el año pasado no se presentó ningún adulto para acompañar a los niños. Eso lo achaco a que tanto el acompañante como los niños tienen que pagar el viaje. Sé que por ejemplo, los miembros de nuestra asociación están ahora, la mayoría, en una situación económica muy complicada.

Pero el acompañante también puede ser un español…
Naturalmente. Hablé con la acompañante de niños de Andorra. Es profesora de inglés en un colegio de allí. Según ella, en Andorra la embajada ucraniana pasó la información a los colegios, ellos convocaron un concurso para los niños, y a Artek fueron los ganadores. En España la embajada actuó de otra manera, a través de las asociaciones.

Sé que –como suele pasar– la información quedaba “por allí” sin moverse pero en el último momento la lista de los participantes había que entregarla “hoy por la tarde”. Me quedé asombrada qué rápido encontraste niños para cinco plazas que había…
Como siempre en las situaciones extremas llamé a todos mis conocidos y, en efecto, muy rápido encontré a cuatro chicos y una chica que querían ir.

¿Los padres no dudaban? Seguro que nunca han oído de Artek…
Desde el principio yo llevaba todo el asunto de manera muy transparente, les mostré la información de la embajada, las reuní en el Centro Ruso en Atocha… Los padres enseguida entablaron amistad entre ellos y empezaron mandarse unos a otros whatsapp.

Los niños tampoco se conocían antes entre ellos ¿y qué tal?
Se adaptaron muy bien entre sí y formaron un buen equipo. Por ejemplo, compartían habitación con niños de Azerbaiján. Estos eran 15 porque Azerbaiján es uno de los patrocinadores y les permitieron traer a 15 personas. Entonces, a nuestros chicos les tocó un sitio para dormir en un sofá. Y Jacobo y Rodrigo dormían en el sofá por turnos.

¿Pero cómo es eso de dormir en un sofá?
No había sitio. Pero ellos no se quejaron. Se adaptaron. Incluso comían “kasha” (plato típico, medio líquido, de alforfón o sémola de trigo cocida). Luego todas las chicas azerís se enamoraron de nuestros chicos, y eso a los chicos azerís no les gustaba nada…

¿Y “nuestra” niña no se enamoró de alguien?
Se enamoró de Artek. “Mama, paga por favor, ¡el año que viene quiero ir!”

¿Porque también uno puede simplemente comprar la estancia?
Sí. Uno no puede ir dos años seguidos gratis.

Probablemente el año que viene el festival sea más modesto…
Hablé con Valentina Dovzhenko, presidente de la Fundación de Esperanza y Bondad, sponsor del festival. Me comentó que tienen muchos problemas con la financiación. Azerbaiján ayuda mucho con dinero a este proyecto. Ya por segunda vez han estado grupos de Irak, Irán, Jordania; estos países también participan en la financiación. Otros patrocinadores son una fundación del ex presidente de Ucrania Leonid Kuchma y una fundación de su yerno Víctor Pinchuk.

Para nosotros Artek es algo legendario. Con todo lo que habías conocido antes ¿qué te pareció esta experiencia?
Pregunté mucho a personas que estuvieron en Artek de niños. Cuentan que por aquel entonces había monitores muy preparados, era un honor trabajar allí. También había una selección muy exigente de niños, aunque es verdad que los hijos de jefes del partido también viajaban allí, como no… Ahora todo esto ha cambiado. El niño puede ir si sus padres pagan su estancia. Los monitores son estudiantes en prácticas o simplemente aquellos que quieren ganar un poco de dinero para sus estudios…

Me da la impresión de que aquel esplendor que antes caracterizaba, digamos, la vida habitual de Artek, ahora se consigue solo en los festivales internacionales como este. Los mejores campamentos, bien reformados, el “Cristalino” y el “Ambarino”, se cedieron para el festival. Y el territorio del festival estaba protegido por un nutrido destacamento de policía. También tengo que decir que en Artek trabaja un colectivo muy experimentado y unido de coordinadores de programas internacionales.

¿Eras responsable del grupo pero los monitores eran los que realizaban todas las actividades?
Naturalmente. A los monitores que conocieran inglés les trajeron de toda Ucrania. Yo, por mi parte, fui con los niños a Gurzuf y a Yalta que son las ciudades de Crimea próximas a Artek. Por estas excursiones pagamos aparte. Estuvimos en el palacio donde se celebró la famosa conferencia de Yalta, en la que se reunieron Stalin, Churchill y Roosevelt a finales de la segunda guerra mundial, estuvimos en la casa de Chéjov. A los chicos les gustó todo. Pasamos por el mercadillo de Gurzuf. “¿Qué barato!”, dijeron. Comprábamos queso, frutas, todo les gustó mucho. “¡Qué manzanas!, decían, no son como las nuestras…”

Así que han visto un trocito de la vida real…
En efecto.

Entrevista: EM