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Una herencia envenenada

Dom, 13/03/2016 - 20:00
Baldosas-conmemorativas-judios

Hilde Domin escribía más que nada poesía pero lo que estoy leyendo es su pequeño librito de prosa traducida al español (La gata andaluza y otros textos en prosa, Ed. Casus Belli, 2015). Uno de estos “textos” se titula “Mis moradas” y –muy buena idea- describe todas las viviendas por las que Hilde pasó en su vida, y fueron muchas porque a principios de los años 30 se marchó de Alemania y empezó así su vida itinerante. Las viviendas con sus habitaciones, sus árboles, averías de sanitarios, gatos, ocasos, barrios, vecinos... Lenguaje poético refractado en la vida cotidiana. En el invierno de 1960/61 se instala por fin en la primera casa “como las que tiene la gente, la primera que no era una vivienda-huida desde 1936”, en Heidelberg, y un detalle: su vecino resulta ser un pariente de Hitler, su “concuñado”. Menciona:

“…la relación era correcta y normal; él dejo la casa antes que nosotros, con los pies por delante, tuvo cáncer. Se habría hecho rico, nada más morir lo buscaron como heredero de Hitler por los derechos de Mi lucha”.

Los derechos de Mein Kampf, como todos nos hemos enterado por los periódicos, están libres desde el principio de este año. Anteriormente pertenecían al Ministerio de Finanzas de Baviera (parece que salvo para el territorio de los Estados Unidos). Reconozco que me chocó la combinación de palabras “Mein Kampf” y “derechos de autor”. Como también, pero en un sentido muy diferente, me chocó la frase “derechos de autor del Diario de Ana Frank” (que, por cierto, se terminaban por las mismas fechas). Pero parece que el ministerio bávaro asumió la administración de los derechos de autor de Mein Kampf precisamente para impedir una nueva edición del libro (incluso algún letrado en Alemania consideraba un abuso la utilización de la figura jurídica de derechos de autor para un objetivo no apropiado, la censura). Si fuera para eso, se entiende.

Sin embargo, Hilde Domin dice que buscaban a los herederos. Y un poco siguiendo esta pista veo en el artículo de Wikipedia dedicado a la hermana de Hitler, Paula, que en efecto, cuando la muerte de Hitler fue confirmada oficialmente, en 1956 (¡!), empezó una lucha por la herencia. Se llegó a investigar quién murió antes, contando en minutos, Hitler o su esposa Eva Braun, para establecer el orden de herencia de los parientes de uno y de otra. En el año 1960 dos terceras partes del patrimonio de Hitler fueron otorgados a su hermana Paula que murió muy pronto después de esto, en el mismo año 1960. Si Hilde Domin no se equivoca, siguieron buscando a los herederos, y se trataba no solo de los bienes materiales de Hitler sino de los derechos de autor. El “concuñado” de Hitler podía ser marido de su cuñada Ilse Braun o cuñado de alguno de sus hermanos (solo el padre común) Alois o Angela. Tampoco voy a profundizar en esta familia. El caso es que se llevó a cabo todo el proceso formal de búsqueda de los herederos.

¿Y si hubieran encontrado a alguien y este hubiera aceptado la herencia (porque algunos parientes parece que no la quisieron)? Podría haber vivido 70 años recibiendo dinero proveniente de Mein Kampf. O, por ejemplo, una indemnización por no publicarlo. Hubiera pagado impuestos y, como consecuencia de ello, una parte hubiera ido del presupuesto estatal alemán a la indemnización de las víctimas de Holocausto. El dinero hace que la sociedad se mueva, digiera cualquier atrocidad y sigua adelante.

Aglaya