Se encuentra usted aquí

Nuestro contacto en la orden de Malta

Vie, 08/02/2013 - 21:15
María Kúbareva en su día de admisión como Dama de Honor.

Galina Lukiánina

Hace poco tiempo una amiga mía, María Kúbareva, me contó que la habían nombrado Dama de Honor de la orden de Malta. María ya me había sorprendido en alguna otra ocasión. Por ejemplo, la tarde en la que nos conocimos, cuando marchaba a casa, saqué del bolsillo su tarjeta de visita y vi que María era “Su Alteza Real Duquesa María Vladímirovna Kúbareva Princesa Real Rurikovich”.

Llegó a España desde Bielorrusia en 2002. Su hijo Alexéi ha hecho aquí su carrera. “Nos gusta mucho España, —dice María— un país lleno de tradición y de historia, la gente es amistosa y alegre… Y lo principal es su clima y ecología, aquí no existe la maliciosa influencia de Chernóbyl”.
Menciona su título de duquesa aparentemente sin mostrar emoción al igual que el hecho de que estudiara en la Universidad Politécnica de Minsk (Bielorusia) donde obtuvo el diploma de “ingeniero-pedagogo de la rama de Construcción de Maquinaria”. El caso es que, en cierto momento, quiso indagar en sus raíces y descubrió que es descendente de los Rúrikovich, la dinastía reinante en Rusia desde el siglo X a los últimos años del siglo XVI cuando, tras un período de incertidumbre, sube al trono una nueva dinastía: los Románov.

María dice que desde su infancia era consciente de que tenía raíces nobles. En la Unión Soviética pocas familias podían presumir de haber guardado un álbum de fotos de una bisabuela de mediados del siglo XIX. Y la familia de María sí lo guardaba. Su abuelo paterno fue médico militar, en la guerra civil rusa el destino lo llevó a la División de Chapáiev (el de la película) y, según cuenta María, tuvo que curar de anginas al mismo Chapáiev. Luego se convirtió en profesor de medicina, como lo hizo más tarde también el padre de María. Pero el relato sobre estas personas lo dejaremos para otra ocasión.

Volvamos a los Rúrikovich, descendientes de Rúrik, un personaje medio legendario de la más antigua historia rusa. En realidad, familias que proceden de los antiguos príncipes rusos Rúrikovich hay muchas (en Wikipedia se puede encontrar una larga lista). Investigando su genealogía, María conoció a un pariente lejano que vive en Moscú: un tal Valery Kúbarev. Este personaje obtuvo notoriedad en la prensa rusa en 2010 cuando reclamó su derecho sobre ochenta y tantos monumentos histórico-culturales del país, incluido el Kremlin de Moscú. Incluso intentó, mediante juicio, hacerse con el Kremlin pero no le dieron la razón. María cuenta que Valery “se hizo un análisis de ADN que confirmó su parentesco con aquellas familias cuya descendencia de los Rúrikovich ya se había confirmado antes”. Y se nombró a sí mismo cabeza de la “Casa Imperial de los Rúrikovich” de Rusia.

Pero los argentinos no serían argentinos si no se hubiera encontrado entre ellos su propio cabeza de la Casa Imperial de los Rúrikovich. Se llama Hugo Norberto Cabrera Rúrikovich. Valery le pidió a María —al vivir ella en Madrid y saber español— que escribiera a Hugo.
Valery y Hugo, según María, se reconocieron uno a otro como hermanos. “Valery encabeza la Casa Real en Rusia, Hugo, en el resto del mundo”. Sin embargo, en el sitio web de Valery Kúbarev he leído que este había acusado a Hugo de infracciones en el pacto y había roto sus relaciones con él.

“La hija de Yarosláv el Sabio, Anna, se casó con un rey de Francia, sus descendientes también son los Borbones –cuenta María–. Hugo pertenece a esa línea. ¡En él corre la sangre de Anna Yaroslavna! ¡Es pariente del rey Juan Carlos! Mi hijo y yo hemos ingresado en su Casa, y nos han concedido títulos que confirman nuestro linaje ducal y nos han dado documentos que confirman estos títulos”.

– ¿Y qué te proporciona este título? – la pregunto.
– Lo hice para mí misma. No para andar por ahí presumiendo. Simplemente he encontrado mis raíces y quiero que las siguientes generaciones sean conscientes de ellas.

Sin embargo los títulos obligan. María ya se ha presentado (en un acto benéfico) a su tocaya la Gran Duquesa María Vladímirovna Románova que también vive en Madrid y a la reina Sofía (también en una fiesta benéfica). Aparte de eso, “Hugo ha escrito una carta pidiendo una audiencia del Rey para mi hijo y para mí –continúa María–, estamos esperando la respuesta”.

También es verdad que en internet he encontrado un documento que es una resolución del experto, heraldista oficial de Castilla y León, Dr. Alfonso de Ceballos-Escalera, realizada a petición de una publicación rusa. Este experto sostiene que la Casa Real e Imperial de los Rúrikovich (por cierto, los Rúrikovich nunca han sido emperadores) es pura fantasía y en mejor de los casos, un juego de rol...

“Sin embargo la antiquísima y famosa orden de Malta los reconoce” —pensaba yo mientras escuchaba el relato de María sobre como Hugo “empezó a tener correspondencia con la orden de Malta” y como consecuencia de ello, María y un hijo de Hugo, Jorge (que vive, al igual que María, en Madrid) viajaron juntos a Malta donde fueron nombrados, respectivamente, Dama de Honor y Caballero de la orden de Malta.

Contándome acerca del viaje, a María se le escapó una enigmática frase: “Hay dos órdenes de Malta, una en Italia y otra, en Malta. Los de Italia creen que son los principales…” Más tarde esa frase me obligó indagar en Internet, pero mientras tanto sigo escuchando a María:

Entrega del certificado de Dama de Honor.

“Se arma a Caballeros de la orden de Malta dos veces al año. Previamente, los aspirantes pasan por una prueba, les investigan, la orden tiene sus embajadores, sus canales de información. Cuando llegué, hablamos de mis raíces… Les interesa tu procedencia, tu vida, a qué te dedicas. Yo, por ejemplo, trabajo como voluntaria en la Asociación “Cumbre Eslava” en Madrid. Organizamos actos culturales, facilitamos a nuestros compatriotas su integración en la sociedad española”.

“En el rito de admisión –sigue María– se procede según todas las tradiciones. Como si hiciera un viaje a la Edad Media… Nos invitaron pero nosotros mismos pagamos por todo: por el avión, el hotel, el fotógrafo, la cena y además una donación voluntaria. Admitieron a unas veinte personas, entre ellas gente de la administración italiana y de otros países, nobleza de Italia, España, Suecia, Finlandia. Aparte de mí, solo había otra mujer, pero la admitieron en otra categoría, como donante. A mí me nombraron Dama de Honor. El rito tuvo lugar en un edificio antiguo. Comenzó con una ceremonia religiosa, la confesión, la comunión, una ablución. Tenía dudas de si podía participar, no soy católica sino ortodoxa, pero el sacerdote dijo que daba igual porque en todo caso era cristiana. Cuando me tocó mi turno me puse de rodillas sobre un banco de roble. Agachas la cabeza, encima agitan una espada y pronuncian unas palabras en latín. Luego hubo una cena para unas cien personas… A mi alrededor todos hablaban en inglés, en maltés y pocos en español, así que he de reconocer que muchos detalles se me escaparon…”

¿Cuáles son ahora las obligaciones de María como Dama de Honor de la orden de Malta? Ella misma todavía no se ha aclarado. Sabe que tendrá que hacer cada año una donación. En marzo la invitan a una reunión. Está dispuesta ir si lo permiten sus finanzas (en España se gana la vida dando clases particulares a niños rusos y recibe también una pequeña pensión). Tiene la esperanza de que la orden, de alguna manera, ayude a la asociación de inmigrantes de la que es vicepresidenta. Por cierto, el trabajo humanitario siempre ha sido uno de los principales objetivos de la orden de Malta.

¿Pero qué historia es esa de las órdenes de Malta “principal” y “no principal”? Valery Kúbarev en su sitio web al dar la noticia sobre la admisión de María habla de “una de las más antiguas órdenes de Malta”. Intentando entender de qué se trata, me adentré en un mundo fascinante de fantasmas, intrigantes y, me figuro, gente cautivada por la historia.

Retrato de Pável I en el interior del edificio donde admitieron a María como Dama de Honor.

Resulta que existe una orden de Malta con sede en Roma y que tiene sus diplomáticos, su pasaporte y su estatus de observador de la ONU. Es la orden caballeresca más antigua del mundo. Reconoce oficialmente varias ramificaciones en países protestantes y lucha contra las, desde su punto de vista, “falsas" órdenes de Malta. Como dice el investigador Guy Stair Saintymuchas de estas órdenes surgieron a raíz del siguiente episodio histórico. En años turbulentos para los caballeros de Malta, el zar ruso Pável I se convirtió, por un periodo muy corto, en el 70º Gran Maestre de la orden y organizó el Priorato ruso; luego su heredero Alexander I anuló ese Priorato y, en general, no quiso tener nada en común con los caballeros. De resultas de este episodio, un cúmulo de órdenes de Malta se organizó con la pretensión de reanudar la tradición rusa. Una de ellas la crearon supuestamente en 1908 en Estados Unidos unos descendientes de caballeros rusos, “supuestamente” porque Guy Stair Sainty y algunos otros investigadores creen que esa fecha fue determinada posteriormente y que los descendientes de los caballeros rusos tampoco tienen mucho que ver con su organización. Esa organización, a su vez, se ramificó según diferentes pretensiones de liderazgo.

Una de sus ramas es la orden que admitió a María como Dama de Honor. Un bonito escrito que ella recibió en esta relación está firmado por el 77º Gran Maestre don Basilio Calí (omito por brevedad sus pomposos títulos). En internet se puede encontrar el eco de un conflicto dentro de esta orden. Por lo menos en una ocasión, el anterior 76º Gran Maestre comunica que don Basilio se separó y fundó su propia orden, en otra ocasión le acusa de usurpación del puesto. Esas historias internas no nos interesan, lo que sí que resulta curioso es que Hugo Cabrera Rúrikovich es el “Protector Perpetuo” de esta orden que se encuentra “bajo el Amparo de la Casa Real e Imperial de Rurikovich”.