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“Autoturista” sin fronteras: de Madrid a Uzbekistán

Mié, 10/10/2012 - 15:07
En coche de Madrid a Ucrania, Rusia, Kazajistán y Uzbekistán

El madrileño Pablo Die Deán cuenta su viaje en un Seat Ibiza desde Madrid hasta Asia Central

Los trámites

Yo necesitaba visado para Kazajistán, Uzbekistán y Rusia, para Ucrania no hace falta y para el resto de Europa tampoco. Para Kazajistán y Uzbekistán resultó fácil porque se trataba de ir a la embajada y al consulado respectivamente, rellenar un formulario, pagar las tasas, no hace falta invitación ni seguro médico. Para el visado ruso necesitas los requisitos de toda la vida: carta de invitación y seguro medico.

Cuando viajas en coche a Rusia tienes que tramitar un tipo de visado especial llamado de “autoturismo” y la invitación tiene que dirigirse a dicha modalidad de visado, con los datos del coche en el que se va a viajar. Anteriormente cuando querías entrar en coche, este tenía que figurar en la invitación pero el tipo del visado era de “turismo”. Ahora es algo nuevo que han inventado que es “autoturismo”. Cuesta lo mismo pero si en la invitación no te ponen “autoturismo”, no te vale. La invitación te la hace una agencia, y si se trata de “autoturismo” no está ligada a ningún hotel. La agencia tiene que estar capacitada para emitir la invitación, no todas lo están. Hay muchas agencias de esas en Internet y por el módico precio de 15-20 euros te hacen la invitación.

Para obtener esta invitación recurrí a un contacto, una rusa que es la administradora de una agencia de viajes en Madrid que trabaja con Rusia. Me facilitó la invitación en nombre de una agencia de San Petersburgo pero venía con el fallo de que no especificaba “autoturismo”, sino “turismo”, aun recogiendo los datos del coche. Me indicaron el fallo en la Central de visados, la llamé para cambiar la invitación, pero me dijo que estaba de vacaciones y no podía cambiarla. Yo me busqué la vida y llamé a la agencia de San Petersburgo que era la que figuraba en la invitación. Y allí se descubre el pastel: me dicen que la invitación es falsa. Entonces pedí una invitación a dicha agencia de San Petersburgo y luego por el visado tuve que pagar una tasa por urgencia ya que había perdido mucho tiempo. ¿Puedo llamarla estafadora? No, porque esa chica no me estafó, no me cobró dinero por la invitación falsa. Me parece más bien una falta de seriedad. Cuando le escribí que la invitación era falsa, me contesto: “Neuzeli ty dumaesh chto besplatno mozet byt original. Tebe nelzya delat uslugu. Davai udachi”. Que quiere decir: “¿En serio piensas que siendo gratis puede ser original? A ti no se puede hacer favores. Adiós. Suerte”.

Las carreteras

En Ucrania las carreteras principales están bien y las secundarias desastrosas. En Rusia en algunos tramos, las principales, están llenas de baches. En cuanto a las secundarias, hay de todo: buenas, malas y algunas con unos baches que hacen que te tengas que ir al arcén.

En Rusia se conduce con mucha ansiedad, los conductores se pegan al de delante, si tienes un camión delante no puedes dejar ni medio metro para tener visibilidad porque en seguida se te cuela un coche. El ruso en general tiene para muchas cosas de la vida un comportamiento ansioso. No tienen paciencia en las colas, se te cuelan, en las estaciones, al entrar en el metro… Es como si hubiera mucho estrés, pero yo el estrés en Moscú lo entiendo… en otras ciudades, no tanto. Cuando cogí la carretera M-5 que va de Moscú a Chelyábinsk, allí había un tráfico continuo, más camiones que coches, en ambos sentidos con un carril en cada sentido, el trayecto resulto un poco cansado. A partir de cierta hora de la noche, entre las 10 y las 11, desaparece el tráfico por completo. Supongo la causa es el estado de las carreteras. También puede ser porque por la noche se empiezan a llenar todos los alojamientos en la carretera y a veces es muy difícil encontrar una habitación. Eso nos pasó el día en que cruzamos los Urales. Y también me sorprendió que cuando paras a pernoctar hay mucho interés en que el coche se guarde en un recinto cerrado. Es decir que no puedes dejar el coche a la puerta del hotel, te dicen: “No no, lleven al parking, no lo dejen aquí”. Era como si hubiera una psicosis de robo de coches pero no sé si realmente roban muchos coches.

Los policías

Tuve mucha experiencia policial. En Rusia y Ucrania te paran, pero si eres extranjero esperan a que insinúes tú la coima. No se atreven a pedirla ellos. Y si tú no llegas a ofrecerla, no pasa nada. Y es un trato que, dentro de lo que es un trato policial, resulta relativamente amigable.

En Kazajistán en muchos controles se empeñan a ejercer la autoridad y allí sí que se dan extorciones. En Kazajistán hay mucho control policial en las carreteras: en cada cambio de provincia suele haber un control, un stop para todos, y a la salida de las ciudades grandes también suele haber. A veces te miran las cosas, a veces no, te miran la documentación, otras veces simplemente te preguntan a dónde vas… Allí es muy importante llevar las luces encendidas día y noche porque se sanciona muy fuertemente el no hacerlo. De las reglas específicas de tráfico me enteraba sobre la marcha. A la entrada del país no hay carteles, por lo menos yo no los vi. Otra cosa que aprendí es que cuando aparece el nombre de una población, hay que poner el coche a 60 km/hora, aunque no haya indicaciones y ni se vean cruces ni casas. Me pararon por ir a 72 km/hora en una zona de esas…

Es curioso que allí la policía hace dedo y puede ocurrir, como me pasó a mí, que te obliguen a llevar a un policía en coche. En un control cerca de Baljásh me para un policía (voy despacio, todo está en orden, no he hecho nada), y fue el único momento en el que decidí: bueno, aquí me hago de guiri y no hablo ruso. Me dice “¿Vas a Almá-atá?” – “Sí, Almá-atá” – “Espera, que aquí hay un inspector que va a Almá-atá, así lo lleváis”. Viene otro policía, vestido de calle, y se empeña en conducir, el otro policía dice que “sí, sí, que conduzca él”. Y coge el coche… y se puso en marcha… pero vamos… en una carretera en que el límite es de 90 o 100 km/hora iba a 130-140, y en una zona de baches. Y justo yo como me lo hago de guiri no puedo protestar. De hecho no pretendíamos llegar hasta Almá-atá, queríamos hacer la noche en el lago Baljásh, y no llegamos a hacerlo porque yo no me atreví hablar con él en ruso, me daba vergüenza. Y todo el viaje, 600 y pico kilómetros, con el diccionario, hablando mal. Poco a poco me iba soltando un poco… Como policía que es, sabe donde hay controles y se para a 50 metros a un control y me dice: “Aquí hay otra unidad y no me pueden ver conduciendo”, y el control lo tuve que pasar yo. Era un tramo donde había dos controles en 20 kilómetros, me olvidé encender las luces y en el siguiente control - ¡plash! me paran. Me dicen: “Ven a la garrita con los documentos que tenemos que ver las cosas”, y mi acompañante policía me dice “ve”, me deja solo y no me acompaña. Yo haciéndome el guiri, que no entiendo nada… Y me dicen: “¿Hay alguien en el coche que hable ruso?” – y yo digo “¡¡Sí!!”. Y va el policía que iba en mi coche, llama a su jefe y a los dos minutos me dice “Venga, vamos”. Al final conseguimos llegar a Almá-atá.

En Kazajistán te sancionan por la más pequeña infracción y las multas son altas. Hay mucho coimeo. Y un día sí que sufrí una extorción, tuve que pagar 50 euros, sin recibo, es decir que no parecía una multa. Y además me llegaron a amenazar porque deje caer en ruso: “Esto parece otra cosa”.
En Uzbekistán hay todavía mucha más policía que en Kazajistán, prácticamente hay policías en cada esquina. Los kazajos se quejan que en Uzbekistán en la carretera hay policía por todas partes y que extorsionan mucho, por lo que debe ser más grave que en Kazajistán. Te piden la documentación en el metro, a la entrada del aeropuerto, en las estaciones de tren miran si llevas billete…

Hice el viaje con mi hermano. Volvíamos de Uzbekistán ya no en coche sino en avión. En el aeropuerto de Tashkent mi hermano sufrió la extorción más grave. Hay que declarar a la entrada y a la salida de Uzbekistán el dinero que llevas. Mi hermano a la entrada declaró 1.400 euros y a la salida, sin hacer un cálculo exacto, 900. Le registraron y comprobaron que a la salida no llevaba 900 sino 1.150 euros. Y lo consideraron una falsedad. La multa era la pérdida del dinero no declarado y además una multa de 200 dólares, y la tramitación de un expediente duraría más que el tiempo que restaba para la salida del avión. Tuvimos una discusión con el de la aduana hasta que empezamos a hablar de procedimientos jurídicos, y eso hizo que se echara atrás y devolviera el dinero.

Yurty en Kazajistán

La hospitalidad kazaja

En general es buena, lo que pasa es que desconcierta. Porque es muy difícil distinguir a uno que te acoge y se ofrece de anfitrión con toda su buena voluntad de uno que te intenta timarte. Seguro que uno del país lo distingue pero yo, no.

Nos timaron una vez. Buscábamos un alojamiento y vimos unas yurtas (tienda de campaña de los nómadas, en este caso un típico alojamiento de carretera) y paramos allí para preguntar si había sitio. Nos dicen que sí y antes de hablar del alojamiento nos invitan a la mesa kazaja. La mesa kazaka es una estructura rectangular (en Uzbekistán hay el mismo tipo de mesa) que esta elevada unos dos palmos y sobre esta estructura en medio se eleva una mesita que tendrá otros dos palmos de altura respecto a la plataforma anterior, y la parte que sobresale está llena de alfombras y almohadones y la gente está tumbada allí mientras come o toma té. Entonces te tienes que descalzar y subirte a la mesa kazaja. Para tomar té, vodka y para departir con los amigos está muy bien, para comer es poco práctico porque estás tumbado. Antes de hablar de precios y de concretarlos, te invitan y te sacan té y todo lo demás… Y luego, cuando está todo montado, te hablan de precios. En mi opinión no hay que dejar que ocurra esto, hay que concretar todo hasta el mínimo detalle porque aunque no todos te van a timar algunos sí que lo intentan.

Astaná, una disneylandia a lo bestia

Astaná, la capital de Kazajistán, es un despropósito de ciudad, una disneylandia a lo bestia. Un despropósito porque el país tiene muchas precariedades, y se han gastado una burrada de dinero para tener una capital llena de edificios de diseño, toda impoluta, grandes avenidas… Y luego, un fallo que veo, es que han diseñado una ciudad, con un lujo exagerado, sin pensar en transporte público. Y además está previsto que tenga un millón de habitantes, ahora tiene medio millón. Ves unos autobuses cochambrosos y sin embargo los coches son todos de lujo. Todos. Es que no ves ladas viejos en Astaná. Y todo es caro, más caro que en Madrid. Hay una clase kazaja medio-alta que mueve mucho dinero.

Yo estuve hablando con un iraní que tiene un restaurante. Hay servicios en Astaná que los prestan extranjeros ya que los kazajos de Astaná no se ofrecen para ellos. Hay iraníes, paquistaníes, hindúes. Pero de trabajos de baja cualificación. Me contaron que hay muchos uzbekos trabajando en la construcción y en las obras públicas.
Uzbekistán, por ejemplo, tiene un desarrollo más normal, más equilibrado. En Kazajistán yo lo que veo es que hay dos ciudades que viven con un ritmo por encima de todo: Astaná y Almá-atá. Luego existen cuatro-cinco ciudades que van a un ritmo normalito, y el resto del país vive con muchas precariedades. En Shymkent, por ejemplo, los autobuses urbanos son autobuses retirados de Bilbao: se podía leer la palabra “salida” ponían en castellano y en euskera.

Un encuentro en Burabai

En Burabai (es el parque natural cerca de Astaná) me encontré a un vejete que quedó mirando la matrícula del coche y nos pregunta: “¿De dónde es este coche?” Le digo: “De España”. ¡Y empieza a abrazarnos!, “Esto es una señal… mi abuelo estuvo en las Brigadas Internacionales…”

Los alojamientos

Elaboré una lista aproximada de las ciudades donde tendríamos que pernoctar pero no siempre coincidíamos en el lugar. En Rusia pernoctamos en Sarátov y en Kursk, el resto de las noches dormíamos en alojamientos de la carretera. En Sarátov fue difícil encontrar un alojamiento porque coincidió con no sé qué evento deportivo y nos alojamos en el hotel “Slovakia” con vistas al Volga, por 75 euros habitación doble. Fue el alojamiento más caro en todo el viaje.

En Kazajistán lo que se nota es que no hay turismo medio. Hay alojamientos cutres que tienes el retrete y la ducha en el campo en una caseta de madera y con agua fría. Salía a 5-6 euros. Lo que pasa es que si te fijas en la calidad-el precio resultaba hasta caro. El siguiente nivel ya es un hotel con habitación doble de 50 euros (un hotel que a lo mejor en España te cuesta 60 o 70 euros). Y no hay de término medio.

En Uzbekistán sí, allí se nota que hay más turismo. La calidad que en Kazajistán conseguías por 50 euros, en Uzbekistán te salía por 20-25 euros. En Tashkent me sorprendió que cuando llegué a un hotel pequeño, familiar, que allí hay muchos, y pregunté cuánto vale una habitación doble, me preguntaron: “¿De dónde son ustedes?” Digo: “Pero ¿qué tiene que ver con el precio?” – y dicen: “Pues sí, tiene que ver”. Y luego me dicen precio en dólares (20 dólares). Luego en sumes (la moneda nacional) que era más barato (correspondía a 16-17 euros). Con desayuno incluido. Se nota que Uzbekistán es mucho más barato que Kazajistán: las cosas, la comida, el transporte. Y en el mercado, tirado. En Kazajistán la gasolina, como en Rusia, es la mitad del precio de aquí. Pero los productos en un supermercado son iguales o más caros todavía que en España.
En Kiev la habitación doble valía 40 euros y el hotel estaba muy bien. En Ucrania el alojamiento yo diría que es más barato que en Rusia. La gasolina era más cara, pero sigue siendo más barata que en España.

Peculiaridades de Uzbekistán

He llegado a negociar el tipo oficial de cambio en el Banco Nacional de Uzbekistán, las entradas a los museos… una cantidad de cosas que no he visto en ningún país que se negocie. Hay una gran diferencia entre en el cambio de moneda en el banco y en la calle. Es un país con mucha inseguridad jurídica.

En el aeropuerto cuando fuimos a salir y quería cambiar los sumes que me quedaban, me pidieron un certificado de cambio. Les dije que no tenía certificado, y me dijeron que hablara con el personal de seguridad del aeropuerto, que ellos me ayudarían. Me ofrecieron dólares con un cambio malísimo. “Para eso me lo gasto en el Duty-free.” Me contestaron: “No, no, solo aceptan dólares y euro, no aceptan moneda local”. Me lo gasté en una tienducha del aeropuerto, compré queso salado y botellas de té frío que hacen en Uzbekistán y que son muy buenos tés.

¿Se nota que son países musulmanes?

En Uzbekistán se nota algo más, en Kazajistán no. En el sur de Kazajistán ves a una mujer con velo de cada cien; en el resto del país no he visto mujeres con velo. En el centro, en el norte y en Almá-atá cualquier restaurante tiene carne de cerdo, beben vodka y cerveza a lo bestia por todas partes. En Uzbekistán sí que ves mujeres con velo, pero sigue siendo la minoría, menos que en Marruecos y diría que menos que en Turquía. Ves mezquitas de vez en cuando… Aunque tampoco hemos estado en la zona más fundamentalista que es el valle de Fergana. Allí puede ser otra cosa.

¿Se nota la herencia soviética?

Se nota. De hecho Nazarbáyev, el dirigente del país, fue un dirigente soviético, y en Kazajstán hay un culto de personalidad exagerado. En la carretera cada 20-30 km tienes una foto del presidente de 5x10 metros, inspeccionando un campo de trigo o inaugurando una fabrica… En casi todos los establecimientos, a lo mejor es por ley, he visto fotos de Nazarbáyev. En Uzbekistán hay fotos de Karímov, su dirigente, pero como la décima parte, muchísimo menos. Una herencia soviética en Kazajistán y Uzbekistán, es que hay que hacer una registro en la oficina de extranjeros.

Vea sobre otro viaje, a Ucrania y Rusia, aquí.

Uzbekistán