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Exposición "Los rusos en la guerra de España, 1936-1939"

Sáb, 26/09/2009 - 00:00
en la exposición

El pasado 23 de septiembre en Madrid se inauguró la exposición “Los rusos en la guerra de España. 1936-1939”. El papel de la Unión Soviética en la guerra civil española y su “presencia militar”, utilizando un lenguaje moderno, es un asunto que siempre se ha tratado de manera ambigua y ha dado lugar a muchas elucubraciones (algo natural cuando no tienes datos exactos). No es que la exposición disipe la niebla pero por lo menos aclara algunas cosas, como el número y los diversos desempeños de los soviéticos que pasaron por España (fueron 2.100; comparemos esta cifra con los 19.000 alemanes y 80.000 italianos que lucharon en el lado nacional y con las 35.000 personas que en diferentes periodos estuvieron en las Brigadas Internacionales), la calidad de los suministros militares mandados desde la URSS, quién y cuándo se pidió la ayuda, cómo se pagó, como funcionaba el cuerpo de asesores militares, qué efecto tuvo en el desarrollo de la contienda, qué intereses perseguía el Gobierno soviético al intervenir en los asuntos españoles, qué papel tenía el NKVD (ministerio del Interior soviético), qué diplomáticos soviéticos estuvieron por aquel entonces en España y cómo actuaron… Aunque la exposición es más que nada una muestra visual y yo más bien estoy hablando ya sobre el catálogo de la exposición. El catalogo representa no solo una recopilación de las fotos de archivo sino una serie de artículos bastante consistentes y equilibrados, desde mi punto de vista, escritos por historiadores y archiveros.

De la documentación aportada se desprende que la ayuda soviética fue fundamental para que la República pudiera resistir tres años aunque al final la desproporción de medios en relación con la ayuda alemana e italiana inclinara la balanza de la guerra al bando llamado nacional.

Alfonso Guerra, presidente de la Fundación Pablo Iglesias; una representante del centro cultural Conde-Duque; el historiador Ricardo Miralles.

La iniciativa de la exposición es del historiador de la Universidad del País Vasco Ricardo Miralles y la organización corre a cargo de la Fundación Pablo Iglesias. La documentación proviene de archivos españoles y, fundamentalmente, del Archivo Histórico del PCE y del Archivo Nacional de Cataluña. En éste último ahora están depositados los archivos del Centro Español de Moscú. Los autores del catálogo se quejan de la poca accesibilidad de los archivos rusos. He aquí lo que dice Ángel Viñas:

“Todo enjuiciamiento sobre la intervención soviética debe concluir con un sentimiento de provisionalidad. Hay demasiados archivos cerrados como para que cualquier investigador decente –y no de esos auto-denominados “historiadores” que tanto pululan por estos pagos– pueda sentirse seguro. Sería de interés que en las actuales relaciones culturales hispano-rusas se abriera un vector de intercambio de documentación de interés mutuo. Se trata de una idea que lleva sobre la mesa varios años pero que, por razones varias, no parece que tenga el viento en popa. Los archivos españoles están abiertos, no es el caso de los rusos por lo cual es a esta parte a la que, en principio, le correspondería tomar la iniciativa”.

Alfonso Guerra, presidente de la Fundación Pablo Iglesias, en la inauguración señaló que el catálogo de la muestra se convertirá en un libro de referencia para la investigación histórica de este aspecto de la guerra civil.

Adelina Kondrátieva (Abramson) habla con unos jóvenes en el patio de “Conde-Duque”

Muy útil para la preparación de la muestra ha resultado el archivo de Paulina y Adelina Abramson que también está depositado en el Archivo Nacional de Cataluña. Son dos hermanas que estuvieron en la guerra como intérpretes (en total hubo 204 intérpretes, casi todas mujeres). Nacidas en Argentina en una familia emigrada de Rusia, las dos hermanas editaron en su tiempo el libro “Mosaico roto” (1994), memorias algo caóticas pero vivas en las que se cuentan sus experiencias en la guerra en España. Adelina –la menor y la única hermana que vive– se convirtió en la protagonista de la inauguración. La pregunté si se podía llamar voluntarios a los soviéticos participantes en la guerra en España. “Todo era secreto –contestó–, se decía: ´¿Quiere usted cumplir una misión especial? ¿La misión del Partido y del Gobierno?.. Se le recomienda a usted ir a España a luchar´. No era obligatorio pero era un honor”. En efecto, era un cierto tipo de voluntarismo el único posible en el sistema soviético. Así era entre los militares, precisa Adelina, ella misma vino “por otra vía”. Al igual como los miembros de las Brigadas Internacionales, los ex voluntarios soviéticos tienen derecho a la ciudadanía española (conservando su otra ciudadanía). Yelena, la hija de Adelina, me dijo que su madre obtuvo la ciudadanía española el verano pasado y que sólo hay otra persona más en Moscú que está a punto de hacer lo mismo (le falta todavía algún papelito), el general teniente de las Fuerzas Áereas Víctor Lavsky. Otros veteranos de España o no se sienten ya en condiciones de emprender una labor burocrática o no lo ven necesario.

Centro cultural municipal Conde-Duque, hasta el 10 de enero
En la exposición se puede ver los documentales: “Operación Nikolai”, 1992 (sobre el asesinato por los agentes de NKVD del dirigente del POUM Andreu Nin) y “Gira, gira”, 2005 (sobre las hermanas Paulina y Adelina Abramson)