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Un viaje singular (1)

Sáb, 07/03/2009 - 00:00

Iª PARTE DEL VIAJE. 18 españoles en un crucero ruso

En mi familia hay una tradición: una vez al año nos reunimos todos para hacer algún viaje fuera de España. Esta vez decidimos ir a Rusia y me pareció que lo más apropiado sería hacer un crucero, ya que somos muchos, de edades diferentes y en un país como Rusia la logística es bastante complicada.

El crucero lo encontré en FITUR el año pasado, en la empresa “Orthodox cruise company”. Esta empresa solo está en Rusia, en Moscú y en Rostóv, y por cierto fue la primera vez que se presentaron en FITUR. Me informé de todas las empresas que hacen cruceros de Moscú a San Petersburgo. Aquí en Madrid están Iberrusia y Politours que también los ofrecen. Entre Iberrusia y Politours los precios eran mejor en Politours, y luego “Orthodox” bajaba bastante más, porque lo podía contratar directamente allí. Hice los pagos mediante una transferencia a Liechtenstein. Al principio me extrañé e incluso dudé pero me dijeron que los pagos que pasan de 10.000 dólares (éramos 18 personas) estaban muy fiscalizados en Rusia y las empresas lo suelen hacer de esta manera. Y además como Liechtenstein está dentro del Sistema Europeo Bancario, las transferencias son mucho más baratas que a Rusia. Al final resultó bastante más barato de lo que hubiera podido salir con otras empresas, lo que pasa es que la organización es más complicada. También tuvo que ver la complicación en que éramos muchos y algunos se unieron más adelante. Con los de “Orthodox” me puse en contacto por e-mail e hice un par de llamadas… Ellos te dan el voucher –un bono de agencia– y la invitación, pero el visado tienes que tramitarlo tú mismo en el consulado ruso. Y según a qué funcionario te diriges y en que disposición está ese día, es más fácil o más complicado. Tuve que ir varias veces porque éramos un grupo de 18 personas y no puedes hacer todos los visados a la vez aún viajando todos juntos e incluso siendo familia.

Los cruceros son los mismos en todas las compañías. Lo único que los barcos de Politours están algo mejor de servicios, los camarotes son iguales, pero por ejemplo tienen una mesa de ping-pong… más espacio para la gente. Yo fui en el barco “Academik Glushkov”, detrás iba “Maiakovski” que era similar. Los trayectos son parecidos, para ver las mismas ciudades, igual da en qué compañía lo hagas. Lo único que cambia es la organización, porque en “Orthodox” van en plan más “ruso”, con el tiempo y la agenda más apretados. Hablé con una compañera de clase que hizo lo mismo pero con Politours y cuenta que allí todo era mucho más relajado, no existía este ritmo, no meten prisa a nadie. Y aquí si nos retrasábamos ya nos avisaban a veces por megafonía del barco al grupo de españoles…

Del pasaje un 20% aproximadamente eran rusos. Había alemanes, italianos, griegos y algún holándes e inglés. Y nosotros, 18 españoles. Y había una familia de mejicanos. Para nosotros y los mejicanos hacían excursiones en español. En un primer momento nos dijeron que no habría guía en español y que eligiéramos entre inglés o francés. Luego nuestra guía nos confesó que se apuntó en el último momento porque nunca había hecho este viaje. Viajaba con nosotros en el barco. Era hasta un poco exagerado, por ejemplo griegos o italianos, que eran muchos, tenían un autobús entero, pero para nosotros también había un autobús de 50 plazas y habitualmente no llegábamos a 20 personas para un autobús enorme.

El programa era demasiado apretado, y mucha iglesia ortodoxa con la cúpula cebolla. Aprendes toda la estructura de la iglesia rusa… Y luego tuvimos mala suerte por una noche en la que había niebla y estuvo parado el barco. Acumulamos como 10 horas de retraso y el tiempo se tuvo que reducir. Alguna parada de descanso donde los niños hubieran podido jugar se redujo mucho.

Especialmente en Yaroslavl resultó todo muy apretado. Coincidimos con una visita del presidente ruso, Medvedev, nos iba siguiendo desde Úglich. Coincidimos en Yaroslavl y por cuestión de seguridad el barco sólo podía atracar una hora y luego tenía que salir del puerto para recogernos después de las excursiones. Eran las 8 de la mañana y a esa hora nos hicieron salír a todos del barco. Había cosas que insultan la inteligencia de cualquiera. ¡Para cruzar una calle tenías que esperar a que viniera el autobús! Resulta que en Yaroslavl, después de ver la iglesia en la plaza principal, para ver el Kremlin de la ciudad hay que cruzar una calle bastante ancha pero en la que no hay excesiva circulación. Pues no podíamos cruzarla normalmente, teníamos que esperar a que viniera un autobús. Te cuentan la historia que aquí no hay paso subterráneo y hay que dar toda la vuelta a la plaza y eso es mucho… A mis padres les parecía un poco como la organización soviética, que te llevan y no puedes salir de lo predestinado… Y luego para volver al barco también tenías que esperar el autobús y eso que había tan sólo unos diez minutos andando.

También es verdad que en otros sitios todo era más cómodo. En Úglich, en Kostromá, en Mandrogui tuvimos bastante tiempo libre. Mandrogui es un parque temático cerca del lago Ládoga. Mucha turistada. Se parece al parque temático de la Senda Viva en Navarra, donde te ponen la vida tradicional navarra del siglo XVIII. Allí los niños lo pasaron bien. Es verdad que los barcos no están pensados para niños. Había alguna queja de los niños, estaban corriendo por ahí, subiendo escaleras, conocieron a unos niños rusos, se acabaron pegando, luego se reconciliaron y quedaron muy amigos. En todo el barco había ocho sobrinos míos, dos niños rusos y un niño mejicano, exquisito y muy educado, que el pobre estaba asustado con los salvajes de mis sobrinos…

La comida estaba bien, casi toda comida rusa mezclada algo con la internacional. En el barco siempre había desayuno, comida y cena. Pero si querías podías decir que te dieran una bolsa de picnic y te la llevabas. Salvo en Mandrogui donde se comía fuera del barco, una barbacoa (en ruso shashlyk) enorme. En un par de ocasiones nosotros fuimos a cenar por nuestra cuenta. En Moscú cenamos en Mu-mu en la calle Arbat, en San Petersburgo en un Yolki-Palki… Te atienden muy lento. Creo que los restaurantes rusos tampoco están preparados para que les llegue una mesa de 18 personas. En Moscú y en San Petersburgo nos movíamos a nuestro aire. En Moscú pasamos dos o tres noches, en el barco que estaba en el puerto del río.

Pero justo cuando más tiempo había para moverte a tu aire, peor tiempo nos encontramos. En Moscú y en San Petersburgo nos pilló la lluvia y entremedias de estas dos ciudades tuvimos más o menos buen tiempo. En Mandrogui y luego en un monasterio situado en un pueblecito junto al lago Onega o en la isla Valaam podías bañarte pero no apetecía mucho ya que los días de sol tampoco eran de calor.

En general, a mi familia les gustó el viaje, les molestó un poco que el programa fuera tan apretado. Tampoco se han dado de frente con la realidad rusa, en Moscú sí, un poco más, en el metro… Pero no se han topado con las complicaciones que tiene la vida en Rusia, si no te sabes moverte puedes volverte loco. Hay dificultades para cosas muy simples. En el barco estuvimos bien. Por la noche había conciertos, durante los días de travesía había, si te querías apuntar, clases de ruso, clases de folklore, etc. Los niños jugaban al ajedrez muchísimo, se enviciaron con el juego. Y también se dedicaban a hacer avioncitos de papel y arrojarlos al río. Llenaron con ellos el Volga, el Sheksna, el Ladoga y el Onega.

Para mí también resultó curioso el viaje. En Moscú noté cosas cambiadas. Eso de no ver el hotel Rossia (que estaba al fondo de la Plaza Roja y lo derribaron hace poco tiempo) impacta bastante. El Manege (una sala de exposiciones también al lado de la Plaza Roja, un antiguo picadero) reconstruido de nuevo, la última vez que estuve en Moscú, hace 4 ó 5 años acababa de quemarse. Ha aparecido el Sheremetievo-express, un tren que tarda desde el aeropuerto internacional unos 30 minutos hasta estación Saviolovski. El precio son 10 dólares. Los rusos no lo suelen usar. No les entiendo. Prefieren pasar horas en los atascos.

Estuve en el último FITUR en febrero pasado. Quería hablar con los de la agencia “Orthodox” y no estaban. Debe ser que no les gustó mucho el fruto de sus ofertas … “Que venga otra panda de salvajes”. Un grupo de 18 personas les trastocó bastante sus esquemas en el barco. Pero en realidad creo que les vino bien.