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Un viaje singular (2)

Sáb, 07/03/2009 - 00:00
Pablo Die Deán

II PARTE DEL VIAJE. Otra manera de hacer el Transiberiano

Llevaba ya un tiempo pensando en lo del Transiberiano. Hay una línea de tren clásica que va desde Moscú a Vladivostok y en la que operan muchos trenes, puedes hacer un trayecto total, pero no es ese el tren turístico de lujo que se conoce por aquí. El de lujo hace el trayecto solo hasta Irkutsk.

Hay también otras variantes: hay una línea de ferrocarril, por la que fui yo, que es la transmongoliana, atraviesa Mongolia y acaba en Pekín, es la más corta. Otra es trasmanchuriana que va hasta Chitá, más o menos, y desde allí baja a China hasta Pekín también.

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Salimos de Moscú el día 10 de agosto y a Pekín llegamos el día 30 de agosto. Fuimos haciendo paradas durante el trayecto. La idea era pasar las noches en el tren; si no hubiera más remedio pasaríamos algunas noches en hotel. A medida que coincidiera nuestra intención era llegar a la ciudad pronto por la mañana y por la noche coger el tren que venía a continuación. En el lago Baikal sí que quisimos quedarnos durante varios días.

En la línea de transiberiano lo más interesante está al principio y al final, entre medias no resulta tan interesante, no es tan concentrado y hay muchas distancias entre ciudades. Desde Moscú a Kazan hay muchas ciudades interesantes. En realidad yo fui desde San Petersburgo a Vladimir donde nos juntamos mi hermano y yo con un amigo y pasamos un día dando vueltas por Vladimir y Súzdal. Estas dos ciudades pertenecen al Anillo de Oro y en realidad son muy parecidas a las que vimos durante el crucero, entre Moscú y San Petersburgo. La misma estructura: el Kremlin, las iglesias de cúpulas con forma de cebolla…, todo igual. De allí fuimos a Gorki (a la que han devuelto ahora su antiguo nombre, Nizhni Nóvgorod).

Íbamos cogiendo billetes a medida que avanzábamos. El problema es que no en todas las estaciones puedes adquirir todo tipo de billetes. En una ciudad grande sí, pero por ejemplo en Vladimir había problemas para comprar el trayecto Gorki-Kazan o Gorki-Ekaterinburgo… Entonces, como la siguiente escala no la tienes asegurada, no puedes comprar billetes para más adelante. Allí cogimos un autobús a Gorki porque no había plazas en el tren. Luego de Gorki a Kazan cogimos un tren nocturno y allí mi hermano tuvo suerte y durmió en un kupé (compartimento) y nosotros, en un vagón con butacas normales como si estuviéramos en un autobús pero más cutre, yo creo que fue el peor tren que cogí.

Esto es algo que se percibe en Rusia: en los trenes que se meten por líneas secundarias, la calidad baja mucho. Por ejemplo el que cogí en San Petersburgo (iba a Gorki, pero nos bajamos en Vladimir) era de puro lujo, todo nuevo, perfecto, estábamos en platzkart, pero nunca he visto platzkart tan bueno, mejor que kupé. Platzkart son vagones de literas, el pasillo no tiene el frontal de cierre con puertas y, aprovechando el espacio, también hay fila de literas pegadas a la ventana del pasillo. Pero la diferencia en realidad es muy poca, en el platzkart lo malo es que te toque el pasillo, es incómodo. Pero lo demás es igual: un compartimiento sin puertas, con una mesa… Los trenes no son tan baratos como hace unos años. El platzkart si que es barato, hay mucha deferencia entre el platzkart y el kupé, éste te sale el doble de precio. Yo prefiero platzkart, es mucho más divertido. Hablas con gente, a veces te tratan como un elemento exótico, pero pesado no es. Los viajeros de al lado comparten contigo la comida: pasta, embutidos… Que complementaban las empanadillas y pollos asados que comprábamos en las estaciones.

Gorki me sorprendió, ya lo conocía pero lo noté todo más pintado, más moderno, las calles arregladas, se nota que hay algo de inversión, pero eso en el centro, en la zona de la estación todo sigue igual… Y Kazan, la capital tártara, me sorprendió mucho, no la conocía y me gustó mucho. Es también algo distinta, rompía la estética de la ciudad rusa con su Kremlin y su iglesia de cúpulas de aspecto de cebolla.

Con los billetes hubo ciertos problemas hasta Ekaterimburgo, en los Urales: si no encuentras billetes tienes que esperar la repesca de la última hora, dos horas antes de que salga el tren liberan billetes. Lo que se notaba era que el platzkart desaparecía enseguida. Como no lo cogieras con una semana de antelación, no encuentras billetes. De Gorki cogimos billetes hasta Kazan, de Kazan a Ekaterimburgo, y de allí a Krasnoiarsk. Eso ya nos relajó un poco porque estar día tras día con la incertidumbre de no encontrar billetes genera un poco estrés y no viajas tan a gusto. En Krasnoiarsk cogimos un tren, muy barato, a Severobaikalsk que ya está en el lago Baikal, en su parte superior.

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El Baikal es un lago enorme. Severobaikalsk es feísima, pero al lado estuvimos en Nizhni Angarsk que es un pueblo precioso, todo de madera, el estadio de madera, hasta los bancos de madera, supongo que tienen caja fuerte porque si no con un serrucho cualquiera los podría atracar… Allí estuvimos varios días en una casa que alquilaba gente del lugar. Había un terreno con una casa grande donde vivían ellos y luego una casa pequeña que alquilaban. La encontramos por casualidad. Seguimos las indicaciones del “Lonely Planet” buscando una casa de huéspedes, y resultó que el edificio que venía indicado lo estaban pintando, preguntamos y nos contestaron: “¡Uy! Eso era una casa de huéspedes hace mucho, ahora es el edificio del ayuntamiento”. Pero se pusieron a llamar y por una amiga suya encontraron esa casa. Cuando me dijeron el precio les dije que por ese precio iba al hotel, entonces bajaron… Al final resultó bien. Tenían una barca y nos fuimos a pescar por allí, hicimos una sopa de pescado (ujá en ruso) en una islita…

Luego cogimos un barco que se dirigía abajo, hasta Irkutsk, pero paramos en la isla de Oljón. Muy bonito todo. Allí sí que había un tiempo espectacular. En Oljón están acostumbrados a los extranjeros pero en Severobaikalsk estuvimos hablando con unos tipos que estaban de botellón, en el pueblo, por la noche, con unas cervezas, y allí nos trataban como elementos exóticos. Estaban entusiasmados, preguntando sobre todo, nos dijeron que por allí venían muchos extranjeros. No les creí porque estábamos en plena temporada, vienen tres extranjeros y te hacen coro con mucha expectación… Eso era curioso. En el barco el tipo que vende billetes pregunta quién va hasta Irkutsk, quién va hasta Oljón, hasta Listvianka, etc., y luego a los que íbamos a Oljón nos deja a un lado y a todos los demás, se dirige con la máquina emitiendo billetes. Y va y me dice: “Son 1.500 rublos si quieres que te emita el billete, si no lo quieres te lo dejo por 1.000”. Está claro que es un pirata que se mete el dinero en bolsillo. Sabe que en Oljón no hay control y se saca un dinero extra. Sacar tres mil rublos en cada servicio no está mal. La cosa es que a lo mejor le podía haber apretado más el precio...

Otro ejemplo de pirateo lo encontramos en el tren de Irkutsk a Ulan-Bator. En la frontera la mayor parte de vagones se desengancha (solo quedan dos que hacen el trayecto entero) y vuelve. Y le enganchan los vagones de Mongolia. Aparecieron en tren unos neozelandeses a los que devolvieron del puesto fronterizo ruso porque su visado era de una entrada a Rusia y ya estaba matada; no les dejaron volver otra vez a Rusia y tenían que volver otra vez a Ulan-Bator a hacer un visado de entrada. El billete que tenían era para Irkutsk pero les dijeron en la frontera que con el mismo billete podían volver a Ulan-Bator. Y la azafata del tren les dijo que no, que tenían que comprar un nuevo billete. Se dirige a ellos y les dice: “Si compráis ahora el billete os va a tocar ir en un vagón de Mongolia que están hechos una mierda, si queréis seguir en el mismo vagón os hago yo el billete”, o sea bajo cuerda, les cobraba el billete. Es una pirata que podría haberles dejado volver con el mismo billete que bastante cabreo tenían ya por el asunto. Al parecer esto es una práctica normal. Una vez me devolvieron en la frontera de Lituania y Bielorrusia por problemas con el visado bielorruso y a la vuelta no me cobraron el billete hasta Vilna, la capital lituana.

Un tren de platzkart, las plazas laterales
Un tren de plazkart, las literas superiores

Los del crucero sólo me hicieron voucher para 14 días. Tenía que buscar la invitación por mi cuenta. Al final lo compré el visado a los de IberRusia. Te hacen un voucher e incluso te aseguran el viaje. No es caro porque las invitaciones que te venden por allí, en algunas agencias extrañas, son más caras. Sale caro si pagas la tasa de urgencia, como en mi caso que perdí mucho tiempo por una promesa de invitación que no me llegó nunca. También sabes que con IberRusia vas a conseguir el visado, porque tienen una relación especial con el Consulado. Luego en IberRusia me amenazaron diciéndome que no podría salir de Rusia por otro lugar que no fuera por Moscú, que no les pidiera responsabilidades a ellos si no podía salir por Mongolia. Empecé a hablar en ruso con ellos y me dijeron: “Entonces nada, nada, tú te sabes a defender”. Teóricamente tenía que registrarme en Moscú pero hice en una oficina de correos en Irkutsk, en la segunda oficina, porque en la primera nos pusieron muchas dificultades. Yo creo que no todos saben bien el sistema, y si no te sale bien en un sitio por alguna razón burocrática, hay que intentarlo en otro.

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Los visados de Mongolia se tramitan en Barcelona porque el consulado honorario de Madrid no lo hace. Creo que casi todos los que van a Mongolia son catalanes, de hecho son los que más viajan en general. Hasta un mes de estancia no necesitas invitación. Cuando entras en Mongolia los precios caen, es muchísimo más barato todo que en Rusia. Un hostal en Ulan-Bator costaba 3 euros con desayuno incluido y era de buena calidad.

Lo que pasa es que viajar por Mongolia resulta duro. El asfalto acaba más o menos a 40 km. de Ulan-Bator y luego todo son pistas. Hicimos excursiones en coche por allí por el campo donde te mueves a una media de 20-30 por hora. En Mongolia hay sólo dos líneas de tren: esta que va desde Rusia a China y otra, lateral, que también va a Rusia. Para cualquier cosa tienes que salir de la vía. Y eso es caro: alquilar un coche con conductor salía unos 80 dólares al día. Al principio pensé que era una chorrada eso del conductor pero realmente sin él puedes morir en Mongolia porque ni siquiera en las carreteras principales hay señales. El GPS allí no sirve para nada porque casi no hay caminos asfaltados. Con la gente mayor sí que podía hablar más o menos en ruso. En Ulan-Bator hay muchos albergues, pequeños hostales, allí la gente habla en inglés y muy bien. Como escriben con el alfabeto cirílico puedes leer las cosas pero no entenderlas.

Por cierto, en Rusia a mi hermano le quemó bastante la comunicación con los rusos. Dice: “Y además ¡no les da la gana hablar en inglés! porque saben. Cuando están borrachos, hablan”. Porque luego en el bar del tren, con cerveza y vodka, todo el mundo acababa hablando en inglés. Mi hermano quedó intrigado y me dijo: “Pregúntales porque no les da la gana”. Aquí en España, por ejemplo, viene un turista extranjero y el español que le atiende y no sabe hablar inglés o alemán, hace esfuerzos por comunicarse, aunque sea hablando mal o mediante gestos… el ruso en cambio no hace este esfuerzo. Eso yo lo he notado, hay una especie de orgullo allí.

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China este año ha puesto mucho más requisitos para el visado, probablemente por los Juegos Olímpicos. Además no puedes sacarlo con más de un mes de antelación, es decir yo salí de Madrid a Rusia en avión el 29 de julio y tuve que recoger el visado chino el día 28 de julio (para entrar en China el 28 de agosto). Un amigo mío que vive en China nos hizo la invitación aunque no fuimos a su casa ni a su ciudad.

En China el hardseat (“silla dura”) es peor que el obshii (vagón no con literas sino con asientos numerados) de Rusia, es como un tren de cercanías de los que había en España de de 2ª clase con asiento rojo acolchado, con ese aspecto pero además repleto de gente. Encima hay como una balda portaequipajes llena hasta los topes. Carece de plazas, es como un cercanías atestado de gente. Pero un cercanías que puede durar tres días, es un tren de larga duración. Allí puedes ver gente tumbada en el suelo. Hay también trenes más normales, pero sólo había billetes para estos. Además cuando comprábamos los billetes no sabíamos si eran para el tren o para el autobús, y nos dicen “por esa puerta” y vimos que era la estación. No podías pasar a la vía hasta que llegara el tren, ya que había una barrera metálica controlada por la policía. Detrás de la valla una multitud apelotonada, podían ser unas mil personas dispuestas para lanzarse a abordar el tren. Los chinos se apelotonan enseguida, no respetan las colas ni nada; en este sentido son mucho peores que los rusos. Cuando se abre la barrera la gente se agolpa en el andén donde cree que va a situarse la puerta del tren, luego se lanzan a correr hacia ella. Un jefecillo de la estación nos vió poco válidos para eso y quiso hacernos un favor pero nos hizo una putada porque queriendo indicarnos un lugar apropiado, se equivocó. Nos llevo a una azafata del tren para que entráramos pero esa presionada por una multitud tampoco podía hacer nada. Sólo perdimos tiempo y entramos a presión en el tren. Mi hermano entró el último con un pie en el aire y la mochila en la espalda, cuando el tren se ponía ya en marcha. Sin embargo, en el vagón había también un samovar con agua caliente.

Pero de China y de Mongolia hay que contar aparte.

Sobre otro viaje del autor, desde Madríd a Uzbekistán en coche.