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“Despedida de las ilusiones. Sobre sí mismo, sobre su tiempo y sobre Rusia con una franqueza asustante”

Sáb, 28/04/2012 - 23:30
Vladimir Pozner. Despedida de las ilusiones. 2011

Aglaya

Hace poco salió en Rusia un libro con este titular, escrito por el periodista Vladimir Pózner (nacido en 1934). Pózner ha sido el artífice y el moderador de diferentes programas de televisión, del género “talk show” intelectual. Tal vez la mayor fama le vino de los así llamados “tele-puentes” entre Rusia y EEUU, cuando los auditorios de ambos países podían verse las caras e intercambiar sus opiniones. Resultó toda una novedad para finales de los años 80. Fue en uno de esos puentes donde una mujer soviética pronunció la famosa frase “En la URSS no hay sexo…” El final de la frase - “…en televisión” – se olvidó y la frase entró en el anecdotario de la época. Hoy Pózner hace un programa, titulado sin muchas pretensiones “Pózner”, donde puede entrevistar, con su manera comprensiva y algo irónica, a un pope ortodoxo sin ocultar su ateísmo completo o a una famosa estrella de música pop sin tocar sus conocidas historias amorosas. En fin, es un “tele-gurú” como lo llamó con razón algún blogger de por allí.

En su libro cuenta su vida y comparte las conclusiones que ha sacado en el transcurso de ella. Las conclusiones se refieren en su mayor parte a problemas sociales (de la URSS-Rusia, de los Estados Unidos), al periodismo, a la iglesia, a la conducta humana. El libro tiene dos autores: el Pozner del año 1990 (cuando el libro, escrito originalmente en inglés, fue publicado en EE UU) y el Pózner de 2011 (cuando presentó su libro en ruso). Resulta que solo muchos años después de la edición americana Pózner encontró tiempo para traducir su propio libro. De modo que ocurrió que el “traductor” tenía 18 años más de experiencia vital que el autor (acabó la traducción en 2008). Pero no se atrevió a corregir el texto: porque de haberlo hecho, el autor hubiera parecido antinaturalmente perspicaz. Por eso simplemente añade fragmentos en cursiva: sus comentarios actuales a sus propios pensamientos de antaño. Con eso crea una verdadera intriga.

La principal colisión personal es de identidad ¿quién soy, un ruso o un americano? La principal colisión social: ¿Fue posible una mejora de la sociedad socialista? A ambas preguntas el Pózner-90 y el Pózner-11 dan respuestas diferentes.
Hijo de una francesa y de un emigrante ruso (que sin embargo ansiaba volver a la Rusia soviética), Vladimir Pózner vive en Estados Unidos hasta los 15 años y luego – después de una estancia en el sector oriental de Berlin – marcha a la Unión Soviética. Todo, claro está, dependiendo de los desplazamientos de sus padres. Al convertirse en un ciudadano de a pie sin privilegios para viajar al extranjero, volvió a pisar tierra norteamericana solo varias decenas de años más tarde. En cambio tras la “perestroika” se mueve entre Rusia y Estados Unidos.

Con la palabra “desgarramiento” caracteriza esa doble autoidentificación suya, algo que siempre resulta duro para la persona pero en su caso además agravada por la guerra fría y el antagonismo imparable entre sus dos “patrias”. Quisiera o no, estuvo involucrado en la lucha ideológica porque se hizo periodista, un combatiente del “frente invisible”, invisible para los rusos ya que trabajo en una radio que emitía para el extranjero y en revistas destinadas también al extranjero – “Soviet Life” y “Sputnik”. (Es curioso que “Sputnik” tuvo tanta demanda que editores absolutamente “burgueses” de algunos países, España incluida, compraron los derechos para su edición.)

El antiamericanismo no desapareció junto a la ideología soviética (y no es un fenómeno exclusivamente soviético). Hace muy poco el nuevo embajador de los EEUU en Rusia se asombraba públicamente por la envergadura del antiamericanismo ruso.
En la proyección sobre una persona concreta eso tiene el siguiente aspecto: “En Rusia mis adversarios del sector ´patriótico´ me insultan como ´americano´ sugiriendo con eso que odio a Rusia y deseo su ruina; mis adversarios del ala ´liberal´ (que no son menos, créanme) no me pueden llamar ´americano´ porque eso hubiera sido el máximo elogio. Por eso utilizan frasecitas tan insultantes como ´conformista´, ´alguien que se hace a todo´ y otras de este tono”.

El Pózner-11 con compasión irónica observa como el Pózner-90 grita (intentando convencerse en primer lugar a sí mismo) de que es ruso, y apostilla: “Todo eso perdió su intensidad hace muy poco, hace unos cinco años. Mis convicciones políticas han cambiado, pero no es eso lo principal. Lo principal es que ya no me dominan mis emociones. Puedo sin incomodidad interior decir que los Estados Unidos me resultan más cercanos que Rusia, que quiero a Nueva York más que a Moscú y que me siento más un americano que ruso”.

Sin embargo no es fácil apartarse de una impresión de que semejante conclusión está influida por la profunda decepción de Pózner en relación con lo que ha quedado de la historia rusa del siglo XX.

Aquellos Estados Unidos que percibe como algo “suyo” son, en sus palabras, los Estados Unidos “de una gran tradición democrática que nació aquí y a pesar de las condiciones desfavorables ha sobrevivido…” Insiste: “…Repito: ha sobrevivido, no ha ganado”.
Mientras que en Rusia – ni antes ni ahora – esta tradición goza de reconocimiento. Sobre la nueva “democracia” rusa Pózner se muestra sarcástico: “En vez de los antiguos privilegios soviéticos ahora tienen privilegios VIP; tribunas VIP, entradas y salidas VIP, asientos VIP, atención personificada VIP… Espero impaciente el momento en que aparezcan los retretes VIP”.

Muchas páginas del libro están dedicadas a la “perestroika”. Pózner’90 escribe todavía “desde dentro”; Pózner-11, lo hace cuando la misma palabra está olvidada. Pózner-90 compara a Gorbachev con Roosevelt. Roosevelt, opina, “salvó el capitalismo americano inyectándole una seria dosis del socialismo que refrenó los excesos del ´mercado libre´. Precisamente él fue quien consiguió que el Gobierno federal regulara la actividad del mercado de fondos y del sistema bancario”. Gorbachev intenta a salvar el socialismo inyectándole cierta dosis del capitalismo…

A eso sigue la cursiva de ahora: “Lo estoy releyendo y ¡qué pena me doy yo mismo! ¡Cómo ansiaba que todo saliera bien!”

“No hemos conseguido ningún hallazgo especial. Lo que surgió en vez de la URSS no es ningún hallazgo. No hay nada nuevo, ni esperanzas, ni nada prometedor. Todo lo que surgió ya existe en otros sitios, de eso hay de sobra, solo que de mayor calidad…”
Tal vez en esas palabras suyas se atisbe un rasgo muy soviético: a pesar de todo, aparte de toda índole de logros personales, nos fascina un “mundo nuevo”… y sin él nos falta un estímulo.

En el capitalismo Pózner ve una contradicción interior grande: la tendencia democrática es incompatible con la ley del mercado libre según la cual vence el más fuerte. Es corto y claro. Así que su postura crítica ante el “socialismo real” no le convierte en un partidario del capitalismo. Y viceversa. Tal vez piensa que se puede inventar algo mejor.

“La despedida de las ilusiones” a primera vista es un titular pesimista. Pero en realidad ¿desprenderse de las ilusiones no es una buena cosa? La creencia de que vivíamos en “el mejor de los mundos” era una ilusión. La creencia de que estamos viviendo en “el mejor de los (posibles) mundos” es otra ilusión. Para Pózner el motor del desarrollo es la duda.

Sin embargo el titular sí que es pesimista. Porque para Pózner la lista de “ilusiones” incluye la esperanza de que Rusia encuentre otro camino y que no vaya a repetir errores que son bien conocidos.

No se consiguió pasar del socialismo “podrido” (el “capitalismo podrido” es un cliché de la vieja propaganda soviética) a una sociedad más sana. El Pózner-11 dice: “Por aquel entonces no entendía una verdad simple: es imposible de manera real y radical cambiar un régimen cuando se encargan de ello las mismas personas que mantenían ese mismo régimen y eran su baluarte. ¿Cómo se explican los evidentes éxitos en el desarrollo de la sociedad civil y de la democracia en países como Polonia, Chequia y Hungría, en los países Bálticos? Ante todo la explicación es que al gobierno de estos países llegaron los adversarios del régimen anterior: Valesa, Havel y otros de la misma cohorte”.

Los dueños del país, cree Pózner, siguen siendo los mismos. Los “nuevos rusos” es un concepto incorrecto, lleva a la confusión. Los “nuevos rusos” son los “viejos” dirigentes del partido.

Gorbachev, Yeltsin, Putin son productos del régimen anterior. No podían (no pueden), y en la profundidad de su alma no querían (no quieren), cambiar el estado de cosas general, opina Pózner.

Menciona un acontecimiento muy reciente, el enroque de Putin y Medvedev: “Ya de por sí esta situación es totalmente indignante, demuestra un desprecio absoluto tanto de uno como del otro hacia el así llamado votante. Semejante situación es totalmente impensable para un país que respeta a sus ciudadanos”.

Como demostraron las últimas elecciones rusas el pueblo en general no se sintió especialmente insultado. Al parecer Pózner tiene una sensibilidad especial… ¿occidental, puede ser?...

ideal del hombre