Se encuentra usted aquí

Conversación con Antonio Rubiños, librero y editor

Mar, 01/01/2002 - 00:00
Antonio Rubiños durante la entrevista en su librería

Esta entrevista fue hecha en Madrid en mayo de 2002, Antonio Rubiños tenía 72.

Terminó el Liceo Francés en Madrid. Estudió Económicas. En 1947, al morir su padre, se encargó de los negocios de su familia, la librería y la editorial. En 2003 Antonio Rubiños murió y así se cortó la dinastía de libreros y editores de la que nos habló. La famosa librería "Rubiños-1860" en la calle Alcalá, 98 dejó de existir.

¿Cuántas veces ha estado en Rusia?
He estado en Rusia 37 veces. El primer viaje lo hice en julio del año 1960. Mi primera intención era exportar revistas y libros españoles a la Unión Soviética. Suministrábamos libros a 27 bibliotecas, entre ellas la de la Academia de Ciencias, la Biblioteca de Lenin, la Biblioteca de Literatura Extranjera...

Después comencé a importar libros y revistas de la Unión Soviética llegando a alcanzar en España un total de 30.000 suscritores.
En los años 80 empezamos también la importación de libros en ruso que aumentamos a partir de los 90 y ahora tenemos una librería aquí permanente con libros, discos, videos en ruso e incluso editamos un boletín en lengua rusa, que distribuimos a 3.000 rusoparlantes.

Además editamos manuales y diccionarios. También hemos editado muchos libros de autores rusos del área de matemáticas y física. Nuestras obras cumbre son dos: la Enciclopedia de Matemáticas traducida del ruso en 13 tomos y un tratado de física de Academia de Ciencia de Moscú, dirigido por un Premio Nobel ruso, en 4 tomos. Bueno… y estos son nuestros poderes y nuestros haceres.

¿Quénes son ustedes?
Somos una sociedad anónima, la familia Rubiños, cuya librería y editorial está fundada en 1752. Tenemos ya 250 años de existencia y siempre nos hemos movido en torno del libro. Es nuestra vida.

¿Por qué entonces la librería se llama “Rubiños-1860”?
Porque fue después cuando descubrimos la otra fecha.

¿Y todos sus antepasados eran libreros?
Todos. Nosotros somos la trece-catorce generación.

¿Cómo empezó su interés por Rusia?
En una revista de economía un día vi anunciados organismos soviéticos de comercio exterior y apunté la dirección. Al poco tiempo el general De Gaulle, que era el presidente de Francia en aquella época hacía declaraciones sobre la necesidad de la apertura de Occidente a Oriente, a Rusia, del mundo capitalista al mundo socialista y que eso era el futuro y tal… Y yo, como pensé que Francia y el general De Gaulle eran más listos que yo… decidí apuntarme al futuro. Y escribí a “Mezhdunarodnaya kniga”, que era la firma que controlaba todo el comercio exterior, y me contestaron inmediatamente, conseguí un pasaporte especial y me fui a Moscú con mi mujer. Y así empezó nuestra aventura. Fuimos invitados la primera vez por la Embajada de Chile en Moscú y fue un acontecimiento extraordinario porque en aquella época éramos unos bichos raros en Rusia.

Es verdad, por aquel entonces ni siquiera existía la Embajada Española en Moscú…
Las relaciones diplomáticos se reestableceron tras la muerte de Franco. El Ministro de Asuntos Exteriores Igor Ivanóv era entonces agregado de la Naviera del Mar Negro. Le conocí allí y desde entonces fuimos amigos, luego fue nombrado embajador de Rusia aquí en España y más tarde encargado del Ministerio de Asuntos Exteriores, y seguimos siendo amigos. Su hija Olga incluso trabajó en nuestra librería.

¿Era difícil en los tiempos de Franco mantener un negocio con la Unión Soviética?
Era difícil. Pero bueno… Jamás tuve problemas ni por parte de Rusia ni por parte de España. Cuando iba a Moscú, siempre me hacían una entrevista y cuando volvía aquí, nadie me metía en la cárcel. Porque yo hablaba de las relaciones culturales, de libros. El problema lo tuve cuando desapareció la Unión Soviética y tuvimos que devolver 30.000 cuotas pagadas a suscritores de revistas soviéticas que desaparecieron. Desaparecieron todas las revistas en castellano: “La mujer Soviética”, “La Unión Soviética”, “Tiempos Nuevos”, “Novedades de Moscú”, “El deporte de la URSS”, “Teatro Soviético”, “Literatura Soviética”, etc. 14 ó 15.

¿Todos sus 30.000 suscriptores eran más o menos de izquierdas?
Creo que sí. Muchos de los niños de la guerra. Seguimos teniendo el fichero de clientes de aquél entonces, les mandamos catálogos. Claro que son de izquierdas ¡no iban a ser del Opus!

Bueno... Y volviendo a la situación actual...
Ahora prácticamente las editoriales que editaban en castellano en la Unión Soviética –“Mir”, “Progreso”, “Russki yazyk”– si no han desaparecido casi no editan nada en castellano porque no tienen mercado en América. Y realmente existe bastante menos interés que antes. Antes era un país desconocido, ahora con la televisión puedes enterarte de forma directa de sus problemas. En cambio, hay cada vez más rusos, ucranianos y pueden venir aquí a comprar, tenemos que ir un día con nuestro boletín a la estación de Atocha y distribuirlo allí para que sepan que estamos aquí.

¿Y siguen exportando libros a Rusia?
Tampoco. No tienen dinero para comprar.

¿Incluso la Biblioteca de Literatura extranjera no compra nada?
No compra nada. Se gasta todo su presupuesto en libros de inglés.

Puede decir que el ruso es su especialidad?
¡No! Importamos libros de todo el mundo y exportamos a todo el mundo.

Y sin embargo, a los rusos de Madrid les parece que sí… ¿No le apetece ir a Rusia ahora, diez años después de su último viaje?
Estoy muy mayor para ir en avión. Estar en aeropuertos es incomodísimo. Cuando yo viajaba iba poca gente en avión.

¿Cómo fue su último viaje?
En mi último viaje ocurrió una cosa curiosa. Estuve en casa de un amigo que era el director de la revista “Literatura Soviética” en castellano y me fijé en una Biblia que era del milenario de la iglesia ortodoxa rusa, una Biblia muy bonita. Cuando llegué al hotel estuve pensando que esa Biblia se podía vender en España. Entonces llamé a mi amigo y le dije: necesito ver mañana al Patriarca de Moscú. Una tarde por la noche. Y mi amigo que también era el traductor de la revista de los cristianos de Moscú al castellano me consiguió a las dos de la tarde del día siguiente una entrevista con el Patriarca de Moscú, algo que era muy difícil. Le dije que quería editar la Biblia en España, yo ya sabía porqué quería hacer esto, porque entonces cientos de miles de rusos se aprovisionaban de suministros para los barcos en Canarias, donde atracaba toda la flota pesquera rusa del Atlántico sur. Efectivamente me dio el permiso, hicimos la publicación en ruso y me fui a Canarias donde la vendí a dos empresas para que la revendieran a los rusos que se aprovisionaban allí. Y los rusos a su vez se la llevaban de contrabando para venderla en Moscú, y así casi agotamos la edición. Esto es rigurosamente cierto, esa fue mi última actuación en Moscú.

Galina Lukiánina