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Rusia como hobby

Dom, 01/09/2002 - 00:00
Anselmo Santos

Las “Cartas de padre Anselmo” han aparecido en varios números de “Estación Mir” (la de papel) . Algunos de lectores nos preguntan intrigados: ¿es verdad que el padre Anselmo es cura? (una profesión todavía exótica para nosotros). Hoy ha llegado la hora de descorrer el tupido velo de este personaje popular y hacerle varias preguntas a Anselmo Santos.

- ¿Quién es el padre Anselmo de verdad? ¿es cura?
- ¡Como voy a ser cura! ¡Ni mucho menos! Me pusieron ese mote hace muchísimos años, cuando yo trabajaba en el sector de cosmética. Nosotros dábamos cursillos y era un poco como un trabajo de apostolado decir a la gente que el futuro de la perfumería estaba en la cosmética. Entonces me pusieron el mote de “padre Anselmo”.

- Si no eres cura, ¿quién eres?
- Tengo una consultora de empresas, que se llama Keyiberboard. He trabajado en multinacionales y un día monté este negocio. Nos dedicamos a asesorar fundamentalmente a las empresas extranjeras que vienen a España. Tenemos clientes suizos, alemanes, americanos...

- ¿Y Rusia forma parte de vuestra actividad?
- No, con Rusia no tenemos actividad de ningún tipo. Yo voy a Rusia porque me divierto. A Rusia fui por primera vez hace trece años a un seminario de sociología, porque yo he estudiado ciencias políticas. Me fascinó aquel mundo y me dediqué a viajar por allí. Nosotros hemos hecho muchos seminarios para rusos aquí. Era una actividad del antiguo régimen, una manera de premiar a la nomenclatura media. Eso lo llamaban ellos “comisión de servicios”, nosotros lo llamábamos en broma “turismo empresarial”. Porque venían para no hacer nada más que pasearse y a visitar el “El Corte Inglés”. Hemos hecho cursillos para notarios, banqueros, empleados municipales, gente de telecomunicaciones...

- ¿En los tiempos soviéticos?
-No, no, ya en la época de Yeltsin. Hasta el año 96. A medida que empezó a entrar el sentido común en Rusia (aunque no lo tienen mucho), a medida que racionalizaban la empresa, el “turismo empresarial” en sí terminó. Ya no se gastan mil dólares sólo para ver Madrid. Eso se ha acabado pero nos ha proporcionado muy buenas relaciones porque aquí hemos traído en todos estos años a más de mil personas. Ahora esta gente nos invita. Mi negocio lo llevan mis hijos, yo tengo tiempo libre y no me importa viajar. No me dan miedo los aviones ni los helicópteros rusos. Eso me ha permitido conocer muy bien Rusia. He ido dos veces a Kamchatka, tres veces a Yakutia (no hay nadie que ha ido a Yakutia, ni siquiera rusos), más arriba de Yakutia, he ido al círculo ártico por el río Kolymá, he estado en Vladivostok, en Jabárovsk, etc. Negocios en Rusia no tenemos. Es como un hobby.

- ¿Pero los empresarios rusos vienen aquí y les proporcionáis ayuda?
- Tan solo un par de compañías. Es que tampoco hay tanta inversión rusa aquí.

- ¿Parece que tú eres la persona en Madrid que mejor conoce Rusia?
- Yo siempre digo que los dos españoles que mejor conocemos Rusia, en este momento somos Pilar Bonet, corresponsal de El País y yo. Ella ha pasado en Rusia el periodo de Chernénko, de Gorbachov, de Yeltsin y sigue ahora. Y como tiene el alma aventurera, viaja constantemente, conoce muy bien Rusia.

- Este verano en Rusia en varios sitios me dijeron: “Aquí hace poco estuvo el padre Anselmo”. Pero estuvisteis 18 personas. ¿Organizas viajes?
- Son amigos míos personales desde hace años. Su situación económica les permite gastarse en un viaje de tres mil euros y no quieren ir donde haya turistas. No quiero llevar a gente que no conozco, porque te sale un chinche y te estropea el viaje.

- Bueno, de tus impresiones te pregunto después. Pero ¿cuáles han sido las impresiones de tus compañeros de viaje?
- Encantados, encantados.

- ¿Pero por qué?
- Porque es un mundo completamente diferente. El siberiano es una persona única en el mundo, es un hombre trabajador, muy sincero, cordial. Un siberiano no tiene nada que ver con un hombre de Moscú. Los paisajes son preciosos. La comida es muy buena. El clima en el verano es aceptable, a pesar de los mosquitos.

- Bueno, cualquiera con tanto dinero se siente bien en cualquier país. ¿Disfrutáis en plan turista o pretendéis conocer los problemas de la gente y del país?
- Eso es lo que pretendemos, conocer gente. Y el dinero no es fundamental, porque se gasta mucho dinero también en otros viajes, a China o Tailandia.

- Y tú, que eres un experto de Rusia, ¿qué opinas: Rusia está mejor o peor ahora?
- Hombre, en Rusia hay un problema muy grave: siendo un país muy rico, el Estado no tiene recursos. ¿Por qué? La riqueza que era del país ahora tienen unos pocos y estos pocos tienen el dinero en el extranjero. Nadie paga impuestos. ¿Cómo se resuelva este problema? Es un problema insoluble. Creo que Putin es un patriota, pero él no puede hacer nada. O puede expropiar a los expropiadores. Ves Moscú: ¡qué maravilla! Sí, sí, pero Moscú es un escaparate como todos los países tienen, también los subdesarrollados. Ahora están gastando mucho dinero en San Petersburgo porque se celebra el trescientos aniversario de su fundación en el año que viene. ¡Esto como va de bien! Pero no vale para nada el escaparate.¡Sal a 20 kilómetros de estas ciudades! vas a ver la miseria. Rusia, mientras no consiga crear una estructura productiva, capaz de poner en el mercado mundial productos que sean competitivos en calidad y precio con los de otros, no tiene solución. Y eso ¿quién va a hacer? Por su propia iniciativa no lo hace nunca el rico. Se necesitan dos o tres generaciones... si sigue todo igual.

- ¿Que si sigue todo igual? Y ¿qué puede ocurrir?
- Alternativa: que llegue un dictador, un bárbaro... Es que no hay solución.

- ¿Y crees que sólo puede salvar la situación un dictador?
- No, no, yo siempre digo que el mundo va a mejor. Lo que pasa es que el proceso de Rusia tal y como está, será muy lento, si sigue como está. Mientras las materias primas, los grandes recursos del país estén en manos privadas, la cosa no tiene solución. Es que yo he hablado con muchos ricos y les he preguntado: ¿por qué no quieres poner una fábrica de zapatos? Me contestan: ¿Yo? ¿te has vuelto loco? ¿Qué me estás contando a mí? les digo que esto es lo que necesita tu ciudad… En vez de producir están importando de todo. ¿Para qué? Para que lo pueda comprar sólo cuatro gatos. ¿Es eso fomentar las estructuras productivas del país? La lucha continúa, como dicen los comunistas. De no ser así, no habría treinta millones de personas que votan comunista en Rusia.

- ¿Y te parece que el comunismo tiene algún futuro?
- No lo veo fácil, porque ahora os habéis agarrado a un valor que pesa mucho en la conciencia de la gente, el valor de la libertad. Lenin decía: libertad ¿para qué? ¿Para qué quiere la libertad un habitante de Etiopía o un campesino de Chiapas? Pero como el ruso es muy utópico piensa que la libertad le va a proporcionar una oportunidad de vivir mejor.

- Has hablado con mucha gente en Rusia y que te parece ¿son patriotas o no?
- De patriotas nada. Eso es lo terrible. Yo les aconsejo incluso a algunos amigos de los que han hecho dinero: vosotros ahora estáis como histéricos por vivir, creéis que no habéis vivido durante la época soviética y queréis aprovechar estos años viajando, comprando vino francés, etc. Pero por lo que más queráis, educar a vuestros hijos en el patriotismo, porque os cargáis el país.

- ¿Entonces te encanta un país que no tiene futuro?
- A mí me encanta la gente. Es buena. Con una capacidad de compasión, de perdón y de olvido impresionante. Sus dirigentes siempre se han aprovechado de esto.

- Me parece que estas idealizando un poco a los rusos.
- No. Están llenos de contradicciones y pueden pasar de una crueldad terrible a ser muy compasivos. Pero quizá es un pueblo muy atractivo, porque en el fondo del alma rusa hay un Quijote. Los españoles somos más Sancho Panza que Quijotes, pero siempre te queda eso como ilusión.

- Estás escribiendo un libro sobre Rusia ¿no?
- Está acabado, sólo hay que imprimirlo. Se llama “En Rusia todo es posible”. Tiene una parte primera que se llama “El alma rusa” y la segunda parte son experiencias personales, relatos de contactos con personas, cuyas respuestas, reacciones psicológicas, son muy divertidas. En “Los hermanos Karamazov” están bebiendo vodka de manera desaforada no recuerdo ahora quienes, les preguntan ¿cómo podéis beber tanto vodka? y le contestan: porque amamos a Rusia... Bueno, pues eso es Rusia. En enero el libro tiene que estar en la calle.

- Muy bien. Haremos una entrevista para que nos hables del libro. Y un última pregunta. Acabas de volver de Ucrania. ¿Qué te ha parecido?
- Me ha gustado mucho visitarla. Yo encuentro que hay una diferencia enorme con Rusia. El ruso tiene imaginación de nómada, de aventurero, el ucraniano es campesino. La mentalidad ucraniana es muy conservadora. Quizá le conviene la palabra “jristianin” (en ruso krestianin - “campesino” procede de jristianin - “cristiano”). Ves que las iglesias están llenas de gente, muy diferente a las iglesias rusas. Es otro mundo, muy curioso. Cuando vas por la calle, siempre sabes quienes son ucranianos y quienes son rusos. Por ejemplo, el hombre ruso es más abandonado, la camisa fuera, no se ha lavado la cabeza, la rusa es detallista y más coqueta: ¿como esta chica tan guapa puede tener este desastre al lado? Y en Ucrania los chicos van como los europeos, llevan un pulover puesto, van repeinados, van con sus niños.

- ¿Se puede decir que son más europeos?
- Si, si, si. Están más cerca de Europa.

Galina Lukiánina